viernes, 19 de noviembre de 2010

MIS AMORES CON LA NAPOLEONA

Cuando llegué a este rincón, dispués que anduve y anduve,
de las diez novias que tuve en toda la población,
se ganó mi corazón Napoleona Santa Cruz
que me marió con la luz de sus pupilas inquietas
y me hizo hacer más gambetas que carrera de avestruz.

Yo andaba atrás del arao cuando a lo lejos la vi
y jue cuando comprendí que ya estaba enamorao;
porque al mirarla embobao como el que ha visto visiones,
trompezaba en los terrones, se me ladiaba la yunta
y, al dar güelta en cada punta, eran puros camellones.

La vi por segunda vez en la estancia “el Sarampión”;
se divorciaba el patrón y armaron baile dispués.
Llegaban hasta de a diez, engualichaos de alegría
y el pago se divertía con música y tortas fritas
y las mozas más bonitas de toda la ranchería.

Pero al llegar Napoleona, con la mirada, nomás,
le hizo perder el compás al viejo de la cordiona.
Era un ángel en persona enviao desde el cielo santo.
Lástima que pal encanto de su cuerpo de barrica
la puerta resultó chica y tuvo que entrar de canto.

Cuando la invité a bailar dijo en tono lisonjero:
-"Güeno, por ser el primero no lo voy a despreciar.
Soy difícil pa lidiar porque estoy fuera de ensayo;
pero si me pisa un callo o me lastima un juanete,
ahí sí, del primer moquete garanto que lo desmayo".

Yo parecía una hormiga alrededor de una parva
porque apenas con la barba le daba por la barriga.
Me dijo: -"El güey se fatiga si la yunta es despareja…!".
Y pa hacer mejor pareja se dobló casi en cuclillas;
entonces yo, de puntilla, me le declaré en la oreja:

-"Mi ardiente pasión frenética y su fría indiferencia
son factores de influencia sobre mi estampa esquelética".
Le hablé cuidando la estética, con frases de alto copete.
Y me contestó: -"Rispete, dotorcito. ¿Qué se ha créido?
¿Qué por ser un mozo léido me va a agarrar pal chijete?".

Aunque vi la cosa oscura de tal manera insistí,
que al fin me dijo que sí, con romántica ternura.
Y al estrechar su cintura me suplicó, maliciosa.
-"no apure tanto la cosa que dispués mama me reta
y déje esa mano quieta que soy medio cosquillosa!".

Y me pidió: -"Por favor, le ruego que no comente
de que usté es mi pretendiente y que hemos hablao de amor.
No olvide que soy menor y me perjudicaría.
Cumplí treinta el otro día y los mozos me cortejan
pero en casa no me dejan tener novio todavía".

-"Entonces (le dije yo) preparate pa mañana;
te escapás por la ventana, juyimos y se acabó!".
-"Mañana (me contestó) en cuanto asome el lucero,
ensillá tu parejero y andá nomás por mi rancho;
si no se despierta el chancho te espero atrás del chiquero".

Sin embargo, al otro día pensé que con ella en ancas,
mi colorao patas blancas a gatas resistiría.
No quise hacer la herejía de cargar con su silueta
porque el mancarrón maceta se me iba a clavar de punta.
Entonces uní la yunta y me jui con la carreta.

Dieciséis años pasaron y vivimos muy felices;
tenemos doce gurises que del cielo nos mandaron.
Todos ellos adornaron como flores nuestro hogar
y nos queremos casar porque yo, principalmente,
tengo miedo que a la gente le diera por murmurar.


ABEL SORIA

jueves, 18 de noviembre de 2010

SARNA CON GUSTO

Con la madrina de tiro
y un chúcaro acollarao,
dentré orillando el salao
pa cruzarlo de un suspiro.
Como soy hombre que almiro
la condición del bagual
dejé suelto al animal
que junto con la tropilla,
jue ganando la otra orilla
pa salir entre un juncal.

Largué al suelo la osamenta
ni bien gané la salida,
y una garuga tupida
le entró a pegar por su cuenta.
Se despachó la tormenta
y blanquiaba el campo entero
mientras uno que otro tero
me toriaba la tropilla
que entre unos cardos castilla
daba el anca el aguacero.

Yo en ocaciones pitaba
o chiflaba algún estilo
y después de un rejucilo
se me hacía que paraba.
Pero otra vuelta tronaba
y le seguía pegando,
siempre en mi china pensando
un redepente alcé el vuelo
heché una mirada al cielo,
monté y seguí galopeando.

Me tiene agarrao del pico
esa china abusadora,
que es pa'l amor matadora
como montura e milico.
Me echó mordaza al ocico
la loca pa sujetarme
y aura no puedo apotrarme
ni pegar la vuelta ajuera
y voy por ella andequiera
sin que me importe mojarme.


OMAR J. MENVIELLE

EL REGALON DE MI TATA


En una noche e verano,clara como huevo e tero,
iba montao en mi overo,llevando de tiro al ruano.
Era caballo baqueano pa cabrestear a la par
y eso que entraba a escarciar con la fresca y relinchando,
pa mi que diba cantando con las ganas de llegar.

Fui mensual de Las Mostazas,en el Carmen de las Flores
como quien va pa Dolores,a unas seis leguas escasas,
iba yendo pa las casas pobre, triste y achatao.
Iba medio acobardao,cruzando esos cañadones
y más caído en ocasiones que hoja de zapallo helao.

Llegué a General Belgrano donde se cruzan dos trenes,
al tiempo que unos jejenes me espantaba con la mano.
En eso se paró el ruano y quedó como clavao,
el mancarrón asustao me quitó y salió sin yel,
encaró el paso a nivel, y el tren me lo hizo finao.

Gran pucha las que pasé en esa noche tan fiera,
nunca corrí una carrera donde tan fiero me fue.
Cuasi tuve una de a pie cuando el capataz me echó
y ahura ta que lo tiró,viene el tren y me lo mata
al regalón de mi tata que tanto me lo encargó.

OMAR J. MENVIELLE

PELAJES ENTREVERAOS

Tuve un lindo doradillo, salió de un monte con puerta;
medio charcón, lista tuerta y apenita de colmillo.
Por lo blanco en los codillos era mi flete lagarto,
recio de encuentro y de cuarto, como venao de ligero
ni lo veían los rayeros de ganar ya estaba harto.

Se lo llevó el romerillo por emprestarlo una vuelta
ya no arrebata más vueltas se apagó mi doradillo.
Hoy tengo un chuso tordillo de los llamados sabinos
y como buen argentino no me podían faltar
dos gateaos para mudar: uno rubio otro barcino.

Un flor de gateao tiznao me sacó de mil apuros
marca de Remigio Luro me lo habían regalao
De ahí procedía un bragau un tostao, un lunarejo
y un zaino mula ya viejo un anca mora, un barroso
y un lindo palomo brioso un nevao y un azulejo

Amancé uno testerilla cabos negros, varios moros,
mala cara, sangre i' toro y un rosillo mascarilla.
Un colorao gargantilla, un picasito lucero,
un rosao, un zarco overo y como suebra pincel
tuve un zaino negro argel y un tubiano pescuecero.

Se distinguir un trabao, un pico blanco, un lobuno,
anca nevada y cebruno. Rosillo moro y cruzao,
Maneao de atrás, el fajao, raya i´mula, el media res,
mancha, pintao, yaguané rabicano y por si salvo:
uno, dos, tres y cuatro albo bien calzao y pangaré.

A los bayos no los mato; naranjos, blancos, rodaos,
pampa, roanos, enceraos, el canario, el huevo i' pato
Y pa' dir cerrando el trato: llueve y no llueve es la menta;
me he referido al tormenta, pa' muchos entrepelao;
y si de algo me he olvidao vayan sacando la cuenta.



CARLOS CASTELLO LURO

SANTOS VEGA - EL ALMA DEL PAYADOR

Cuando la tarde se inclina sollozando al occidente,
corre una sombra doliente sobre la pampa argentina.
Y cuando el sol ilumina con luz brillante y serena
del ancho campo la escena, la melancólica sombra
huye besando su alfombra con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo que, en tibia noche de luna,
en solitaria laguna para la sombra su vuelo;
que allí se ensancha, y un velo va sobre el agua formando,
mientras se goza escuchando por singular beneficio,
el incesante bullicio que hacen las olas rodando.

Dicen que, en noche nublada, si su guitarra algún mozo
en el crucero del pozo deja de intento colgada,
llega la sombra callada y, al envolverla en su manto,
suena el preludio de un canto entre las cuerdas dormidas,
cuerdas que vibran heridas como por gotas de llanto.

Cuentan que en noche de aquellas en que la Pampa se abisma
en la extensión de sí misma sin su corona de estrellas,
sobre las lomas más bellas, donde hay más trébol risueño,
luce una antorcha sin dueño entre una niebla indecisa,
para que temple la brisa las blandas alas del sueño.

Mas, si trocado el desmayo en tempestad de su seno,
estalla el cóncavo trueno, que es la palabra del rayo,
hiere al ombú de soslayo rojiza sierpe de llamas,
que, calcinando sus ramas, serpea, corre y asciende,
y en la alta copa desprende brillante lluvia de escamas.

Cuando, en las siestas de estío, las brillazones remedan
vastos oleajes que ruedan sobre fantástico río,
mudo, abismado y sombrío, baja un jinete la falda
tinta de bella esmeralda, llega a las márgenes solas...
¡y hunde su potro en las olas, con la guitarra a la espalda!

Si entonces cruza a lo lejos, galopando sobre el llano
solitario, algún paisano, viendo al otro en los reflejos
de aquel abismo de espejos, siente indecibles quebrantos,
y, alzando en vez de sus cantos una oración de ternura,
al persignarse murmura: "-¡El alma del viejo Santos!"

Yo, que en la tierra he nacido donde ese genio ha cantado,
y el pampero he respirado que al payador ha nutrido,
beso este suelo querido que a mis caricias se entrega,
mientras de orgullo me anega la convicción de que es mía
¡la patria de Echeverría, la tierra de Santos Vega!

RAFAEL OBLIGADO

viernes, 12 de noviembre de 2010

EL LUNAR DE MI TROPILLA

Pico blanco, gargantilla
y zarco del lao del lazo,
supe tener un picazo
de lunar en mi tropilla.
Era de laya sencilla
y sin yel pa galopiar:
yo lo he sabido probar
en destintas ocasiones,
cuando esigían los patrones
saberse desempeñar.

Picazo, mi pensamiento
sincero quiero atracarte,
y dentrar a alabancearte
como es tu merecimiento.
No es charla 'e cocina o cuento
ponderear tus condiciones;
son verdades que a montones
fueron quedando a tu paso...
¡Por que vos juiste, picazo,
motivo 'e conversaciones!

Cuando dentraba a un poblao
y pisaba la gramilla,
se hacía un arco y de costilla
se paseaba atravesao.
A veces, de lao a lao
de la calle solía dir.
Pa mí era "el de conseguir",
y por culpa 'e las mujeres
lo enllené de amaneceres
y de noches sin dormir.

A una yerra de convite
donde cayí de goloso,
hice yunta con un mozo
al que no le di desquite.
Como verso de confite
quedó el paisano, tirao:
se le acabó un colorao
más ligero que un balazo,
y yo seguí en el picazo
como si hubiera empezao.

Por eso es que en este día
en que lo estoy recordando,
con gusto le voy cantando
la mejor milonga mía.
Es tan grande mi alegría
cuando le canto al picazo,
porque en verdá, fue un pingazo
el lunar de mi tropilla:
pico blanco, gargantilla
y zarco del lao del lazo.

OMAR MENVIELLE

EL DESAFIO

"Le corro con mi manchao
al alazán de Cerilo,
y no le pido ni un kilo
como le dio al Colorao.
NIcasio de abanderao
y como juez don Zenón,
a correr dende el portón
hast'allí, hasta el esquinero,
y me juego hasta el apero
y empeño hasta mi facón!...

No respeto caballeros,
estao, ni pelo, ni marca,
y al de la estancia "La Zarca"
le pueden bajar los cueros.
No me asustan parejeros
con tapa ni con trompeta,
que no es al primer sotreta
qu'en esta esquina e' "Las Latas"
l'hecho revoliar las patas
y luego, alargar la jeta!"

Le aceptan... y desensilla,
dejando sobre el apero
botas, facón y sombrero,
y hace vincha la golilla,
va de la cancha a la orilla,
en vez de un rebenque, dos;
y, con la fe puesta en Dios
cual legítima esperanza,
pa los laos de la balanza
a igualar sesentidos.

Le corre a un rosillo moro
marca de Hilarión Contreras,
que había ganao más carreras
qu'el colorao sangr'e toro.
Lo montaba un mozo Floro
muy güen corredor campero;
puntiador y ventajero
pa largar a la bandera,
pues no había quien le saliera:
siempre picaba primero!

El rival del mocetón
que se sintió desafiar
cargó, pal peso igualar
medio kilo e' munición.
Lo rodiaron un montón
que hacían juerza pa su lao;
otros seguían al manchao
al dir pal andaribel,
como si vieran en él
un triunfo ya descontao.

Y pa qué seguir narrando
lo que jué aquella carrera,
si cualquier hombre de ajuera
ya lo estará carculando.
Anduvieron mezquinando,
errar y errar la partida,
hasta qu'en una corrida
les bajó el abanderao,
y el rosillo y el manchao
jueron una luz prendida.

Y se sintió "¡ya pegaron!...",
y la cosa juè pareja,
ni se sacaban la ureja
y los rebenques bajaron.
Y cuando al final pasaron
entre el público y rayeros,
y entre aplausos y sombreros
que se agitaban de gozo,
el juez gritó sentencioso:
"¡Puesta, nomás, caballeros!".

GUALBERTO MARQUEZ "CHARRUA"