martes, 23 de noviembre de 2010

A MI TIERRA SAN JAVIER


Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de indio mocobí;
San Javier donde nací;
no hay otra tierra mejor.

Timbó, laurel, curupí...

Sanjavielito y Verón
en mi sangre van marchando,
desato mi corazón,
lo pongo de embarcación
y lo cruzo navegando.

Sanjavielito y Verón...

Ronquidos de marejadas,
corridas de surubises,
y abriendo las madrugadas
nubarrón de crestonadas
y un silbar de siririses.

A pala corta la proa
dolorida correntada
y descansa la canoa
mientras se hace la ranchada.

Relatos de aparecidos,
política lugareña,
la crónica de un silbido
y el llegar como perdido
del que salió a buscar leña.

Cielo abierto, mosquitada,
chanzas, postas de pescao,
y al revolear la liñada
la preferencia anotada:
"pa'la boca de un dorao!".

Corre plomo derretido
en la vena del zanjón,
y un camalote perdido
va cabeceando dormido
a dar contra un albardón.

Juega su plata la luna
sobre carpeta de estero
y se la copan los teros
a orillas de la laguna...
Por la lomada cebruna
relincha en arco un bagual,
pasa lerdo un pato real
al sesgo y a lo matrero,
y lo encandila el lucero
que asoma entre el totoral.

Silencio de narradores,
quejumbres de gallinetas,
relevo de cebadores
y un rodear los asadores
de cuchillo y de galleta.

Como anticipo de soles
en las mañanas triunfales,
cuajarones arreboles
van flamenado tomasoles
los isleros cardenales.


"Color de guitarra vieja"
salta un zorzal andariego.
La ocurrencia en la madeja
la tejió don Goyo... Cejas
mientras atizaba el fuego.

Calandria en cristalería,
boyero meciendo acentos,
pasan en la tierra mía
con sus gauchas juglarías
de emplumados instrumentos.

Amigo de mis ausencias,
de lo mejor que me queda,
aquí vengo a la querencia
y haciendo acto de presencia
pido mi trago en la rueda.

Cara Mocoví

Paisanas: "sanjavielero 
pa'lo que gusten mandar",
de aquellos que al saludar
como queriendo sembrar
van empujando el sombrero.
Paisanas, sanjavielero.

Toldo del indio Mariano
y del flautista Paikí
donde es chuza de baqueano
el alarido temprano
de Miguel Lavanderí.

Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de todo mi amor
San Javier donde nací
tierra de indio mocobí
borracho al atardecer,
timbó, laurel, curupí
no he de morir sin volver
y he de volver a morir
en tus costas, San Javier.

Cúmplase así mi destino
después de cruzar errante
loco caballero andante
los más inciertos caminos,
sintiendo todos los trinos
con mi tumba en la barranca,
cajón de madera blanca
de timbó sanjavierino
y en tardes ensangrentadas
Sanjavielito y Verón
rezándome una oración
en sus blandas marejadas.

JULIO MIGNO
Pintura: Rodolfo Ramos

lunes, 22 de noviembre de 2010

AMANECER

Rompe la aurora en jirones
el cielo, que antes dormía,
y la primera luz del día
peina los sauces llorones;
cruzan los patos silbones
que anuncian ya la postura,
mientras puebla la llanura
algún Caráu con su grito,
que al oído llega enterito
y entra al alma con tristura.

La lejana serranía
se comienza a divisar,
y el sol que quiere asomar
tomará el mando del día;
pasa un chimango de espía
en vuelo como de trazos,
y allá entre el junco a retazos
brilla hermosa la laguna,
¡como si anoche la luna
se hubiera roto a pedazos!

La cuchilla contorneada
de macachines en flor,
muestra ese lazo de amor
que le ató la madrugada;
una nube festoneada
queda con tintes de grana,
que vaporosa y liviana
se va perdiendo en el cielo,
como si fuera un pañuelo
que ha olvidado la mañana.

Continúa seductora
silbando la martineta,
que allá entre el esparto inquieta
se despertó con la aurora;
el sol sube sin demora
todos los campos bañando,
y mientras se va evaporando
de los pastos el rocío,
yo tiro un recuerdo mío
para que siga rodando.

GUALBERTO MARQUEZ
"CHARRUA"

viernes, 19 de noviembre de 2010

EL MORO DE QUIROGA

Quiroga tenía un moro,
animal de linda estampa,
fortachón, de pecho abierto
y de sangre vivaracha.
Era de buenos ollares
y altazo de riñonada.
De justa luz bajo el cuerpo
y de vista como brasa.
Siete cuartas generosas
levantaría de alzada.
(Pongamos tres dedos más,
proporción de buena casta).
Coscojero y braceador
y de ley acreditada,
a cien leguas de La Rioja
no admitía comparancia.
Puro músculo la cruz
y medio fino de cañas,
de tan blandito de boca
la intención adivinaba.
Tenía los morros negros
como de noche cerrada.
Las ranillas y los vasos,
ya de negros relumbraban.
La cara era pura sombra,
y una negrura tamaña
como hasta el segundo nudo
de los remos le alcanzaba.
¡Y qué decir de la cola,
si ni el cuervo tendrá el ala
con ese fulgor retinto
de moro de tanta estampa!
En un manto gris parejo
el pelaje le brillaba,
más al filo del verano,
cuando iba entrando en mudanza.
De puro voraceador,
el general lo aperaba
un poco al uso llanista
y otro al que se le antojaba.
Un par de estribos chilenos
iba luciendo con ganas.
Eran de los de baúl,
con labraduras bizarras.
Más fiestero que un domingo,
empezando por las matras,
un recado de mi flor
calidad le acreditaba.
El sobrepuesto, del lujo
ya era cosa temeraria.
Le reventaban claveles
en las esquinas bordadas.
Flete con un Potosí
en riendas y cabezadas,
se mostraba regalón
de ir refucilando plata,
pues era plata el fiador,
con más antojos que dama,
y plata los pasadores
y las virolas de plata.
Quiroga llevó la muerte
en la punta de su lanza.
Tanto cantaba una flor
como lucía una daga.
Cóndores y bolivianos
a una sota le apostaba
como se largaba al monte,
metiendo miedo a las ánimas.
Fue varón de tres pasiones:
puñal, amor y baraja.
Como otras tantas culebras,
le devoraban el alma.
Por ser de quien era, el flete
se merecía por marca
una "M" como de muerte
con una flor enlazada.
Era pingo de respeto,
de condición ponderada.
Onzas y soles orondo s
se confiaban a sus patas.
Amagándole la espuela,
ya se moría de ganas
y en un galope limpito,
las leguas se trajinaba.
Apenas desensillado
-puro relincho y pujanza en
unas carreras locas,
las crines le tremolaban.
Hacía sonar las coscojas
con una inquietud tamaña.
A cruzados y trabados
les corría con ventaja.
Animalito aparente,
era de virtudes raras
y medio facultativo
en cuestión de adivinanzas.
Unos lo tenían por brujo
y otros por pingo de cábala,
desde que en toda ocasión
Quiroga lo consultaba.
No hubo caso ni suceso
que el moro no adivinara:
lo mismo anunciaba triunfos
que otra suerte de las armas.
Nadie lo enfrenó después
del revés de La Tab1ada,
y ni al mismo general
dejó que se le sentara.
(Quiroga no lo montó
en esa ocasión contraria,
y el moro era de opinión
de no presentar batalla).
De halago, se lo prestó
a ese otro varón de entraña,
López -don Estanislao que
Santa Fe gobernaba.
Tanto se le aficionó
que dio en ponerle su marca,
haciéndolo de su silla
para ocasiones de gala.
Vaya a saber en qué montes
entregó -si tuvo- el alma,
como que siendo tan brujo,
no sería cosa extraña.
Se habrá echado a bien morir
en unas blanduras pampas,
él, que tenía el cuero duro,
hecho a jarillas y zarzas.
Le obedecería aún
la cabeza levantada.
Los ojos, como parados
de mirar a la distancia.
Se le habrá representado
un entrevero de lanzas,
un paisano barba crespa,
algunas tierras sin agua...
¡Quién sabe si se repite
moro de tanta ventaja!
No se le supo la cría,
pero con lo dicho, basta...

LEON BENAROS

MI TROPILLA

Como sé andar de resero
tengo tropilla entablada,
la madrina es colorada
y tiene un potrillo ruano.
Bien manchao tengo un tubiano
que ahora poco lo he enfrenado
y que ante ayer lo he probao
galopiando y llegó entero
vainte leguas compañero
hasta el pueblo de Bragao.

Además en la tropilla
tengo un lobuno bragao
un lindo gateo tiznao
ligero en la atropellada
un blanco orejas rosadas,
un oscuro escarciador.
Un tordillo de mi flor,
Pa' correr en el rodeo
y un redomón zaino overo,
pescuecero y sentador.

Un lindo barroso overo,
un bagual picaso pampa,
un pangaré mano blanca,
vivaracho y coscojero,
un bayo blanco estrellero,
un rosillo anca nevada,
un alazán mala-cara,
un colorao retacón
y un doradillo ariscón
muy bellaco en las mañanas.

Y pa' terminar, señores,
el crédito es un tostao,
pingo muy aponderao
marca de las dos argollas,
ha corrido varias pollas
y hasta aúra no le han ganao;
en los boliches que ha andao
dejó mentas de ligero
y aquí está pa' su mandao
el gaucho Carmen Lucero.


                   DARIO ANASAGASTI

CABALLITO CRIOLLO

-¡Caballito criollo del galope corto,
del aliento largo y el instinto fiel,
caballito criollo que fue como un asta
para la bandera que anduvo sobre él!

¡Caballito criollo que de puro heroico
se alejó una tarde de bajo su ombú,
y en alas de extraños afanes de gloria
se trepó a los Andes y se fue al Perú!

¡Se alzará algún día, caballito criollo,
sobre una eminencia un overo en pie;
y estará tallada su figura en bronce,
caballito criollo que pasó y se fue!

BELISARIO ROLDAN

FAUSTO (PARTE PRIMERA)

En un overo rosao
flete nuevo y parejito
caiba al bajo al trotecito
y lindamente sentao
un paisano del Bragao
de apelativo Laguna
mozo jinetazo ahijuna
como creo que no hay otro
capaz de llevar un potro
a sofrenarlo en la luna

Ah criollo si parecía
pegao en el animal
 que aunque era medio bagual
a la rienda obedecía
de suerte que se creería
ser no solo arrocinao
sino también del recao
de alguna moza pueblera
¡Ah Cristo!, quien lo tuviera
lindo el overo rosao

Como que era escarciador
vivaracho y coscojero
le iba sonando al overo
la plata que era un primor
pues eran de plata el fiador,
pretal, espuelas, virolas
y en las cabezadas solas
traiba el hombre un Potosí
que...¡si traiba para mi
hasta de plata las bolas!

En fin como iba a contar
Laguna al río llegó,
contra una tosca se apió
y empezó a desensillar
en esto dentro orejiar
y a resollar el overo
y jue que vido un sombrero
que del viento se volaba
de entre una ropa que estaba
mas allá contra un apero

Dio güelta y dijo el paisano
-¡Vaya Záfiro que es eso!
y le acarició el pescuezo
con la palma de la mano
Un relincho soberano
pegó el overo que via
a un paisano que salía
de la agua en un colorao
que al mesmo overo rosao
nada le desmerecía
Cuando el flete relinchó
media guelta dio Laguna
y ya pegó el grito ¡Ahijuna!
¿no es el Pollo?
                        -Pollo no
ese tiempo se pasó
contestó el otro paisano
ya soy jaca vieja, hermano
con las puas como anzuelo
y a quién ya le niega el suelo
hasta el mas remoto grano

Se apió el Pollo y se pegaron
tal abrazo con Laguna
que sus dos almas en una
acaso se misturaron
Cuando se desenredaron
después de haber lagrimeao
el overito rosao
una oreja se rascaba
visto que la refregaba
en la clin del colorao

-Velay, tienda el cojinillo
don Laguna, siéntese,
y un ratito aguardemé
mientras maneo el potrillo
vaya armando un cigarrillo
si es que el vicio no ha olvidao
ahi tiene contra el recao
cuchillo, papel y un naco
yo siempre pico el tabaco
por no pitarlo aventao

-Vaya amigo le haré gasto
-¿No quiere maniar su overo?
-Déjelo a mi parejero
que es como mata de pasto
ya una vez cuando el abasto
mii cuñao se desmayó
a lps tres días volvió
del insulto, y crea amigo
peligra lo que le digo,
el flete ni se movió

-¡Bien aiga gaucho embustero!
Sabe que no me esperaba
que soltase una guayaba
de ese tamaño aparcero
Ya colijo que su overo
está tan bien enseñao
que si en vez de desmayao
el otro hubiera estao muerto
el fin del mundo por cierto
me lo encuentra allí parao
-Vean como le buscó
la guelta ¡bien aiga el pollo!
siempre larga todo el rollo
de su lazo...
                   -y como no,
o se ha figurao que yo
ansina nomás las trago
¡Hágase cargo!...
                      -Ya me hago
-Prieste el juego...
                       -Tómelo
-Y aura le pregunto yo
¿que anda haciendo en este pago?

-Hace como una semana
que he bajao a la ciudá
pues tengo necesidá
de ver si cobro una lana
pero me andan con mañana
y no hay plata, y venga luego
hoy no mas cuasi le pego
en las aspas con la argolla
a un gringo que aunque es de embrolla
ya le he maliciao el juego

 -Con el cuento de la guerra
andan matreros los cobres
-Vamos a morir de pobres
los paisanos de esta tierra
Yo cuasi he ganao la sierra
de puro desesperao
-Yo me encuentro tan cortao
que hasta ando jediendo a muerto
-Pues yo me hallo hasta empeñao

-Vaya un lamentarse ¡Ahijuna!
y eso es de vicio aparcero
a usté lo ha hecho su ternero
la vaca de la fortuna
y no llore Don Laguna
no me lo castigue Dios
si no comparemoslos
mis tientos con su chapeao
y así en limpio habrá quedao
el mas pobre de los dos

-Vean si es escarbador
este Pollo ¡Virgen mia!
si es pura chafalonía
-Eso si, siempre pintor,
se la gané a un jugador
que vino a echarla de gueno
primero le gané el freno
con riendas y cabezadas
y en otras cuantas jugadas
perdió el hombre hasta lo ajeno

¿Y sabe lo que decía
cuando se via en la mala?
"el que me ha pelao la chala
debe tener brujería"
A la cuenta se creería
que el diablo y yo....
                           -¡Cállese
amigo! ¿no sabe usté
que la otra noche lo he visto
al demonio?
                    - ¡Jesucristo!
-Hace bien, santigüese
-¡Pues no me he de santiguar!
con esas cosas no juego
pero no importa le ruego
que me dentre a relatar
el como llegó a topar
con el malo, ¡Virgen Santa!
solo pesnarlo me espanta
-Gueno le voy a contar
pero antes voy a buscar
con que mojar la garganta

El Pollo se levantó
y se jue en su colorao
y en el overo rosao
Laguna al agua dentró
Todo el baño que le dio
jue dentrada por salida,
y a la tosca consabida
don Laguna se volvió
ande a don Pollo lo halló
con un frasco de bebida

-Lárguese al suelo, cuñao
y vaya haciéndose cargo
que puede ser mas que largo
el cuento que le he ofertao
Desmanee el colorao
desate su maniador
y en ancas, haga el favor
de acollararlos...
                        -Al grito
¿es manso el coloradito?
-Ese es un trebol de olor

-Ya están acollaraditos
-Dele un beso a esa giniebra
yo le hice sonar de una hebra
lo menos diez golgoritos
-Pero esos son muy poquitos
para un criollo como usté
capaz de prenderselé
a una pipa de lejía
-Hubo un tiempo en que solía...
- Vaya amigo, lárguese...

ESTANISLAO DEL CAMPO

EL GAUCHO

Hijo de algún confín de la llanura
Abierta, elemental, casi secreta,
Tiraba el firme lazo que sujeta
Al firme toro de cerviz oscura.

Se batió con el indio y con el godo,
Murió en reyertas de baraja y taba;
Dio su vida a la patria, que ignoraba,
Y así perdiendo, fue perdiendo todo.

Hoy es polvo de tiempo y de planeta;
Nombres no quedan, pero el nombre dura.
Fue tantos otros y hoy es una quieta
Pieza que mueve la literatura.

Fue el matrero, el sargento y la partida.
Fue el que cruzó la heroica cordillera.
Fue soldado de Urquiza o de Rivera,
Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida.

Dios le quedaba lejos. Profesaron
La antigua fe del hierro y del coraje,
Que no consiente súplicas ni gaje.
Por esa fe murieron y mataron.

En los azares de la montonera
Murió por el color de una divisa;
Fue el que no pidió nada, ni siquiera
La gloria, que es estrépito y ceniza.

Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada
Penumbra del galpón, sueña y matea,
Mientras en el oriente ya clarea
La luz de la desierta madrugada.

Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte
No imaginar la suerte de los otros.
No menos ignorante que nosotros,
No menos solitario, entró en la muerte.



JORGE LUIS BORGES